ELENA HERNÁNDEZ
Ya los aborígenes canarios lo elaboraban a base de trigo, cebada y
millo. Es el desayuno esencial en la dieta del isleño y su nombre se
asocia a Canarias por todo el mundo. Sin embargo, el gofio, tan antiguo
como el propio Archipiélago, ya no es autóctono. Un año después de
obtener el sello de garantía nacional bajo la figura de Indiación
Geográfica Protegida Gofio Canario, casi todo el cereal tostado que se
consume en las Islas proviene, paradójicamente, del extranjero. Ahora,
el canario coge fuerzas por la mañana, llena la barriga a la noche y
disfruta de una buena pella de trigo y millo de Canadá, Argentina,
Alemania o Francia. Los agricultores hacen una llamada desesperada a
"diferenciar el producto para que la gente pueda elegir". Producto
patriota donde los haya, el gofio canario está muriendo.
Canarias
consume una media de 3.000 toneladas de gofio al año, lo que supone más
de medio kilo de harina tostada por cada isleño cada 12 meses. A pesar
de la gran demanda, los pocos molinos del Archipiélago que siguen
funcionando elaboran esta mezcla de cereales con trigo y millo de fuera.
En la actualidad, lo único que sigue siendo canario es su
transformación. Para asegurarse de que el gofio que se consume es de la
tierra, hay que llevar personalmente "los propios cereales cosechados en
fincas canarias a los molinos", asegura el nuevo presidente de la
Asociación Cereales de Tenerife (Acete), Andrés de Souza.